Hay un momento muy bonito cuando publicas una historia o varias, jeje, que dejan de pertenecer a la autora y empiezan a encontrar su lugar entre los lectores.
Durante las últimas semanas, mis libros han ido acumulando nuevas lecturas y reseñas en distintas plataformas. y valga la redundancia mis obras P. La Plataforma, Don Matcha de la Estrella Fugaz, Recetas de Mari Estrella, Lo que cuece Mari y la farsa servida en plato de oro" "El mini market de Mari Estrella" y su continuación "Las vacaciones de Mari Estrella" "El Borde", "Ghost Zoo" son historias muy diferentes entre sí, pero entre los comentarios ha empezado a aparcer algo que me hace muchísima ilusión lectores que pasan de un libro a otro y empiezana reconocer un multiverso común.
Cuando publiqué mis primeras historias, una de las cosas que más curiosidad me producía no era saber únicamente si gustarían o no. Quería descubrir qué encontrarían los lectores dentro de ellas.
Porque una escribe una historia, pero después cada lector encuentra la suya.
Durante estos meses he ido reuniendo reseñas y comentarios sobre mis libros. Goodreads, Bookmania y Estudio Editorial han ido dejando un pequeño rastro de lectores que han pasado por "Lo que cuece Mari y la farsa servida en plato de oro", "Recetas de Mari Estrella: Alta cocina para sanar el alma", "P. La Plataforma", "Don Matcha de la Estrella Fugaz", El Mini Market y Las vacaciones de Mari Estrella", "Ghost Zoo" y "El Borde".
Vistas por separado son opiniones. Vistas juntas empiezan a contar otra historia.
"Lo que cuece Mari y la farsa servida en plato de oro": cocina, Cervantes y una heroína con cuchara
Lo que cuece Mari y la farsa servida en plato de oro fue el comienzo.
Y quizá por eso me emociona especialmente comprobar qué han encontrado los lectores en ella.
Una lectora escribió:
«Lo leí dos veces y, soy honesta: me voló la cabeza».
Otra habló de «una obra desbordante de magia, sensibilidad y pura virtud».
También apareció Cervantes:
«Me encantó la mención a Cervantes. Y la personalidad de Mari Estrella».
Y hubo quien describió la experiencia como «atravesar una épica culinaria con el corazón en la mano» o resumió el libro diciendo que hay que leerlo «con el alma, el corazón y el estómago».
Otros lectores han destacado precisamente su carácter diferente. Pearlbooklover la consideró una propuesta súper original, muy alejada de sus lecturas habituales y, precisamente por eso, una sorpresa positiva.
También se ha señalado el paralelismo con Don Quijote, la pasión con la que se representa el mundo de la cocina y esa mezcla un poco extraña —muy Mari— de gastronomía, aventura, emoción, reflexión y humor.
Que alguien termine un libro y decida volver a empezarlo me parece una de las formas más bonitas de decir que algo se quedó dentro.
Porque Lo que cuece Mari nunca quiso ser únicamente una historia sobre cocina.
Quería hablar de lo que se cuece mientras cocinamos: memoria, ambición, amor, frustración, identidad, viajes, pérdidas, sueños y esa absurda costumbre humana de seguir persiguiendo molinos aunque sepamos perfectamente que son molinos.
"Recetas de Mari Estrella. Alta cocina para sanar el alma": cuando una receta deja de ser una receta
Y aquí ocurrió algo distinto.
Porque este libro se parece a un recetario, pero nunca quiso quedarse ahí.
Los lectores han entendido esa propuesta: la cocina como memoria, refugio y lenguaje emocional; una conversación en la que un plato puede contar algo que quizá no sabríamos explicar de otra manera.
En Recetas de Mari Estrella aparecen cocina y literatura, pero también cuidado, recuerdos, humor y esa idea que atraviesa todo el universo de Mari: comer puede alimentar mucho más que el cuerpo.
No todas las recetas existen solamente para enseñarnos a cocinar.
Algunas existen para recordarnos a alguien.
Otras para reconciliarnos con algo.
Y otras, simplemente, para sentarnos un rato a la mesa con nosotros mismos.
Quizá por eso Lo que cuece Mari y Recetas de Mari Estrella funcionan como dos caras de la misma historia: en una, Mari sale al mundo armada con su cuchara; en la otra, vuelve a la cocina y descubre que algunas de las batallas importantes se libran a fuego lento.
📚 ¿Te gustan las historias que hacen pensar?
"P. La Plataforma": cuando la comodidad empieza a dar miedo
Con "P. La Plataforma" aparece constantemente una palabra: control.
Los lectores han visto en ANTA algo más inquietante que una aplicación que funciona mal. Han encontrado una historia sobre lo que ocurre cuando dejamos de decidir porque resulta mucho más cómodo que alguien, o algo, decida por nosotros.
Jhennife destacó precisamente esa pérdida de identidad, el control y la persecución. Ana habló de una idea «tremendamente original», de un universo propio y de una crítica social inteligente y entretenida. Tinta y Susurros puso el foco en algo que me interesa especialmente: la comodidad como verdadero peligro y la desaparición social y digital que puede producirse cuando delegamos nuestras decisiones.
También han aparecido críticas. Algunos lectores encuentran determinados saltos difíciles de seguir; otros han señalado momentos en los que el universo puede resultar complejo o incluso confuso.
Y esas observaciones también forman parte del recorrido del libro.
Porque una reseña útil no es necesariamente la que dice que todo funciona. Es la que permite saber dónde ha entrado el lector con facilidad y dónde ha tenido que abrirse paso.
"Don Matcha de la Estrella Fugaz": Kioto, melancolía y un gato que terminó quedándose con la historia
Después llegó Don Matcha de la Estrella Fugaz y ocurrió algo completamente diferente.
Los lectores comenzaron a hablar de calma, de olores, calles, colores, pequeños gestos. De Kioto.
Ailen describió la lectura como relajante y pausada y destacó su ambientación sensorial, hasta el punto de sentir que estaba recorriendo la ciudad. También habló de la ternura de Don Matcha, de Mari y Hayashi y de una escritura poética capaz de atraparla.
Pandita.lectora llegó al libro sin haber leído antes cozy y salió encantada con la experiencia. Encontró profundidad dentro de una historia aparentemente sencilla y una combinación de tranquilidad, humor y reflexión.
Y otra lectora resumió su experiencia con una frase que quizá explique mejor que ninguna otra lo que terminó siendo este libro:
«No es lo que pasa, es lo que te hace sentir».
También vio la melancolía, la humanidad y la sátira escondida bajo esa apariencia amable: la obsesión por lo aesthetic, por convertir lugares, objetos e incluso momentos íntimos en experiencias perfectas y fotografiables.
Y nuevamente apareció una advertencia interesante: tanta imagen y comparación puede resultar abrumadora si se intenta devorar el libro de una sentada.
Quizá por eso una de las recomendaciones fue precisamente la contraria: saborearlo poco a poco.
"El Mini Market Mari Estrella y sus Vacaciones": cuando un personaje empieza a convertirse en multiverso.
Con Mari ocurrió algo que no había previsto del todo.
Dejó de pertenecer a una sola historia.
En Lo que cuece Mari y la farsa servida en plato de oro, Pearlbooklover encontró una propuesta «súper original», completamente alejada de sus lecturas habituales y, precisamente por eso, una sorpresa positiva.
Después llegaron otras historias.
Y algunos lectores comenzaron a reconocer a Mari antes incluso de que yo necesitara presentarla.
En "El Mini Market de Mari Estrella", Ruru Etera señaló una de las ideas que atraviesan ese segundo volumen: cómo uno puede terminar «extrañando los defectos de la humanidad» frente a la perfección vacía de la inteligencia artificial. Y añadió algo particularmente importante para mí: que la historia funcionaba perfectamente como continuación.
Ahí comprendí que ya no estaba escribiendo solamente libros independientes.
Había lectores que empezaban a reconocer las reglas, el humor, los personajes y las rarezas de un mismo mundo.
El multiverso de Mari Estrella empezaba a existir fuera de mis documentos.
Y entonces apareció "Ghost Zoo" como relato de terror psicológico y musical incluído.
Si Don Matcha produjo calma y P. La Plataforma inquietud tecnológica, Ghost Zoo parece haber provocado otra cosa.
Extrañeza.
Raúl Córdoba escribió que entrar en ese zoológico era como «entrar en un cuadro de Brueghel». Encontró jaulas de grillos, criaturas imposibles, detalles, desvíos y texturas. Días después regresó y describió la experiencia como un «concierto barroco».
Pepo Madruga encontró otra referencia completamente distinta: Alicia en el país de las maravillas, pero convertida en una especie de pesadilla con humor. Para él, la historia conseguía tres cosas a la vez: atraparlo, asustarlo y hacerlo pensar.
LeonT la definió como «inquietante, súper atmosférica» y destacó las notas musicales cobrando vida.
Alexis Xavier reparó en algo que me interesa especialmente: desde el prólogo sintió que algo no estaba bien sin necesidad de recurrir al susto fácil. Destacó los sonidos, los recuerdos, los pequeños detalles cotidianos, las preguntas que permanecen abiertas y ese pequeño humor que aparece sin destruir la tensión.
También señaló que, en determinados momentos, la acumulación de imágenes y descripciones puede ser excesiva, me lo quedo porque cuando varios lectores señalan una fortaleza conviene escucharla. Y cuando señalan una fricción, también.
Hay, sin embargo, un fenómeno que merece apartado propio.
Narciso, el loro verde.
Lester Flores empezó a tomarle cariño hasta pedir expresamente que no lo mate y sugerir que merece su propia saga.
Daniel Alejandro Morales encontró en él carácter y personalidad y empezó a preguntarse por la verdadera dimensión del Plumífero.
Raúl Córdoba terminó comparándolo con Virgilio.
Y otros lectores parecen asumir ya con absoluta normalidad que un loro puede entrar en una historia, apropiarse de ella y comportarse como si la autora fuese simplemente personal contratado.
Empiezo a aceptar la situación.
Lo que ocurre cuando juntas todas las reseñas
Por separado, cada comentario pertenece a un lector y a un libro.
Juntos cuentan otra historia.
En unos libros aparece la crítica social. En otros, la melancolía. En unos domina lo cotidiano y en otros entra lo inquietante. Hay tecnología, gastronomía, Kioto, inteligencia artificial, zoológicos imposibles, humor, animales y personajes que empiezan a cruzar de una historia a otra.
Pero hay palabras e ideas que regresan.
Atmósfera.
Originalidad.
Imágenes.
Humor.
Extrañeza.
Humanidad.
Crítica.
Un universo propio.
Y también aparece una observación que quiero conservar: a veces esa abundancia de imágenes, desvíos y capas exige demasiado al lector.
Eso también soy yo escribiendo.
Y aprender a decidir cuándo esa densidad enriquece una escena y cuándo conviene dejarla respirar forma parte del camino.
No quiero que todos mis libros se parezcan.
Quiero que, siendo diferentes, alguien pueda reconocer que son míos.
Quizá eso sea empezar a tener una voz.
Y quizá el mejor indicio no sea una cifra, una posición en una lista o una puntuación de estrellas.
Quizá sea que alguien entre en un zoológico y piense en Brueghel.
Que otro viaje a Kioto sin levantarse del sofá.
Que alguien cierre P. La Plataforma preguntándose cuánto de su vida ha delegado ya en una pantalla.
Que otro empiece a echar de menos los defectos humanos después de acompañar a Mari.
O que un lector termine preocupado por la supervivencia de un loro que, en principio, ni siquiera debía quedarse con la historia.
Yo escribí los libros.
Todo lo demás lo están encontrando ellos.